Cuentan los abuelos que, en tiempos remotos, cuando el mundo era aún joven y misterioso, el Cerro de la Virgen no era más que una montaña como cualquier otra, testigo silencioso de la historia que se desplegaba a sus pies. Sin embargo, todo cambió un día en que una joven llamada María, con un corazón lleno de fe y una sonrisa capaz de iluminar el cielo más nublado, emprendió un viaje hacia las alturas del cerro.