Imagina una historia situada en Ámsterdam, en el siglo XVII, durante el auge del comercio de diamantes. La ciudad era un centro neurálgico para el comercio de joyas y piedras preciosas, y los talladores de diamantes eran figuras clave en esta industria. Estos artesanos no solo eran expertos en el corte y pulido de diamantes, sino que también eran artistas que podían transformar una piedra áspera en una gema brillante.